lunes, 21 de julio de 2014

VIII--PERSONAJES

1.-Don Antonio Liccioni
2.-La Negra Isidora
3. Clotilde de Bellings
4. Juvenal Herrera
5. George "Coco" Griffin
6.- La China Mannoni

César Decan Diaz (Solito)



Don Antonio Liccioni, fundador de Orocué en Colombia y El Callao en el Estado Bolívar. era corso, pues en Córcega, lejana isla francesa del Mar Mediterráneo, nació en 1817, precisamente cuando Guayana estaba saliendo del régimen colonial hispano, emancipada por los patriotas conducidos por Simón Bolívar y Manuel Piar. En 1840, a la edad de 23 años, Liccioni se trasladó de Francia a Colombia, donde residió y contrajo matrimonio con Natalia Beltrán y de cuya unión nacieron siete hijos: Antonio, Cesar, Leopoldo, Julio, José Roberto, Natalia y Margari­ta Liccioni Beltrán. Luego se radicó en Casanare atraído por las tierras de las antiguas haciendas jesuitas que llegaban hasta las costas del Meta, concretamente hasta el Puerto de Guayabal, donde se desempeñó como agregado comercial de la embajada francesa en Colombia Se compenetró tanto con sus autoridades que llegó a adquirir la ciudadanía de este país para poder actuar en sus negocios con soltura y fortuna. En 1850, en compañía del señor Agustín Norzagaray y algunos miembros importantes de la nación indígena sáliva, fundó la población de Orocué, en tierras de los indígenas yaruros, a orillas del río Meta. Entre 1857 y 1860, ocupó el cargo de Prefecto del Territorio de Casanare, con sede principal en la ciudad de Ariporo, sobre el río del mismo nombre, desde el cual fomentó hatos ganaderos. En su hacienda hospedó a los generales Juan Crisóstomo Falcón y Antonio Guzmán Blanco, quienes se encontraban refugiados en el vecino país después de la derrota de Coplé y entabla lazos de amistad con ambos y el 11 de octubre de 1864, presenta una petición al gobierno de Bogotá en la cual se hace el vocero de los ganaderos del Casanare que reclaman una indemnización por los daños sufridos como consecuencia de los combates de la Guerra Federal venezolana (1859-1863). Ejerció la Prefectura de Casanare y posteriormente el cargo de Cónsul de Colombia en Ciudad Bolívar desde 1888 hasta 1894. Se había establecido en el Estado Bolívar entre 1865 y 1870 con todo su ganado para el cual adquirió los hatos ganaderos Tocoma y La Aurora y luego, Juan Bautista Dalla Costa, lo ganó para reorganizar y pre­sidir la Compañía Minera de El Callao, donde realizó una labor em­presarial tan importante que dio lugar a la formación del actual municipio minero de El Callao.
            La Compañía Minera de El Callao llegó a producir hasta 8 tonela­das de oro al año y le imprimió gran dinamismo a la actividad mer­cantil bolivarense, sostenida hasta entonces por la ganadería y explo­tación de subproductos de la selva como el caucho, la sarrapia,  balata y las cortezas amargas de árboles medicinales.
            Pero Liccioni no vino expresamente en busca de El Dorado sino como hombre de hacienda que quería poner en práctica su expe­riencia acumulada en el fomento ganadero de Casanare, pero por fortuna se encontró con el filón de El Callao que le permitió sin tener que dejar la ganadería, incursionar en el área minera como no antes ni después lo habían hecho otros sectores ligados a la explotación aurífera.  Tomó posesión  de la presidencia de la Compañía Minera Nacional El Callao, el 18 de enero de 1870 hasta 1890  cuyo capital amplía en 1878, a 257.000 venezolanos (Bs. 1.285.000) y luego en 1886 a Bs. 32.000.000, convirtiendo Compañía Minera El Callao  convierte en el polo de atracción de toda la región guayanesa. Para el año de 1881, la producción de la mina de El Callao alcanza el primer lugar en el mundo. 
Debido a su amistad personal con Guzmán Blanco y a su posición como presidente de la compañía minera, Liccioni actúa como intermediario (14.6.1883) en la venta de los terrenos que le habían sido asignados al Colegio Nacional de Guayana, negocio en el cual se encuentra involucrado el propio Guzmán Blanco, entonces presidente de la República. A partir de 1890, los yacimientos auríferos de la mina de El Callao se van agotando y Liccioni decide retirarse y pasar sus últimos días de vida en Ciudad Bolívar, dando paseos vespertinos en su Coche tirados por caballos. En esta ciudad fallece el 19 de junio de  1901. El Gobierno decretó duelo regional con las oficinas públicas cerradas durante dos días.  Don Antonio Liccioni, vertiente mayor de la sangre corsa en Guayana, demostró su vitalidad y empuje como ganadero y fun­dador del gran pueblo aurífero de El Callao.
            

La Negra Isidora

En El Callao es de ritmo contagioso. Nadie se resiste. Cuando las danzas se desbordan y llega a su punto culmine, el trance es de locura de carnaval. Baila gente de todos los colores y edades, siguiendo ayer en cuerpo y alma y hoy solo en espíritu a la insigne y popular Negra Isidora.

La Negra Isidora era alma y líder de El Callao, pueblo sonde nació en 1923 y murió después del Carnaval de 1986, a la edad de 64.

Esta mujer calloense estuvo en comunicación con su pueblo, acaso por su misma condición de telefonista, pues cuando el artefacto de Graham Bell llego a las minas, lo pusieron a su cuidado. Era muy joven entonces y ya se perfilada como líder de aquel pueblo minero descendiente del habitante autóctono y criollo mezclado con inmigrantes antillanos y franceses mediterráneo que llegaron a mediados del siglo diecinueve, muchos después que los hispanos atraídos por el señuelo de El Dorado que nunca pudo hallar  Antonio de Berrío ni menos del intruso caballero Sir Walter Raleigh.

El Callao acaso haya sido la codiciada Manoa y, el Yuruari, aquel lago de lecho dorado donde aun se garzonea el precioso metal. Porque en esa tierra yuruarense que se extiende hasta el Cuyuní, hay oro de verdad, mucho más del que se llevaron los ingleses y franceses por los puertos fluviales de San Félix y Cuidad Bolívar.

El oro está allí sembrado en la granítica tierra milenaria y ha sido de todos los que han llegado, a la Goldfield, de la Guayana mines, de la Venezuela Austin, de la Winchester, de la Bolívar Hill, de la Mocupia y de tantas otras empresas mineras extinguidas. Hoy lo explota el Estado venezolano a través de CVG-Minerven, pero siempre se va cantando la canción del que no vuelve.

El negro llegó y se fue internando en las cavernas lúgubres y ni el anglicanismo, ni el luteranismo, ni el catolicismo ni mucho menos el budú, han podido redimirlo del trabajo duro y escasamente retribuido no obstante el esplendor de la dorada riqueza.

Pero más que ha la tierra hueca por donde se escapa el oro de las vetas, lo atan las costumbres de sus ancestros, con mayor fuerza el sonido de los hierros, del bumbac, el rayo y la campanillas, el canto de Ambacail, Blody Man Down y tantas otras creaciones en ingles o patois con acento de calipso como las que hicieron famosos al Negro Kenton y Carlos Small.

El Callao se conoce más por su música de comparsas que por sus penas que son muchas, pero quienes suelen visitarlo, no quieren saber sino del calipso penetrado por elementos del merengue al calor del cuatro, las bandolas y las maracas, pero con un balance que le impide autoctonía, por lo que el extinto profesor Fitzí Miranda lo identificaba con el original nombre de “merlipso” (mezcla de merengue y calipso).

El Callao es uno de los pocos pueblo de Venezuela que a cada una de las fiestas tradicionales concurre gente de todas partes, pero más durantes los tradicionales días del Carnaval, tal vez porque todas tienen ese aire mágico y bullicioso dominado por el ritmo del calipso con steel ban aunado a los ya mencionados instrumentos criollos.

No hay  mucha diferencia entre las fiestas de Carnaval, las patronales de Nuestra Señora del Carmen, las de navidad y año nuevo y las que se obsequian al gobernante o ministro cuando inauguran alguna obra de utilidad publica. Todas del mismo corte aderezadas con domplin, calalú, acroe, banan pil, y entre trago y trago de ginyabié, (mezcla de jengibre, cerveza y maíz) por las calles angostas, pero siempre anchas para comparsas hasta de 200 personas como los otrora Exóticas y Vikingos.

Hasta 1986, Lucila Isidora Agnes era carne y espíritu de las fiestas, pasión y dolor, ángel tutelar, hasta madrina, la mujer que lo sabia todo, la panacea; sólo faltaba la barita mágica para concretar los milagros.
Isidora existe hoy como existió ayer, aún cuando se halla apagado su voz y el hermano negro llore sobre sus cenizas como allá en el Congo lloraron o lloran a Patrice Lubumba.

“Todos son mis hijos” dijo una vez a este periodista y es cierto. La Negra Isidora no quiso tener hijos al calor del matrimonio porque siendo soltera era la única manera de no tener preferencias. Su amor era de todos y para todos, tanto más si había dolor, pena o miseria como la de la silicosis que asedia los pulmones del minero.

Y todos buscaban a Isidora porque Isidora era omnímoda. Lo abarcaba todo. No sólo garantizaba las fiestas patronales, vestía y adornaba con flores a la virgen, no solo lideraba  los reclamos, empuñaba la batuta de las comparsas, amenazaba con quemar los tambores en las puertas del Congreso, los calloenses querían abandonar el lar nativo, pero la Negra Isidora lo evitó yendo hasta Miraflores a plantearle el asunto al Presidente Raúl Leoni. Entonces se trajo un bagaje de esperanzas que pronto materializaron y le dieron aliento al pueblo. Las cosas comenzaron a cambiar y no por ello dejó de estar sobre el sucesor Rafael Caldera y su ministro Pérez La Salvia, menos cuando le tocó a Carlos Andrés Pérez prolongar su tremenda caminata por el distrito minero. Su jefe de relaciones públicas era el colega Juvenal Herrera,  quien influyó bastante ante Leopoldo Sucre Figarella para que Minerven fuese una empresa más de la CVG.

El Callao ahora tiene vida y es un municipio autónomo. Los molinos están activos y desde un pozo de 500 metros de profundidad, cavado en la roca viva, se sigue las vetas que en un año  han dejado en el mercado hasta 3.500 kilos de oro.

El Callao, como ave fénix, resurgió de sus cenizas y de este resurgimiento luego de la disolución de la Compañía Minera de El Callao que administró con mucho, éxito el corso Antonio Luccioni  y del fracaso o quiebra de la Mocca, los calloenses no querían debérselo a los partidos políticos sino al calipso porque la Negra Isidora que fue fundadora del PCV, regazo de Pompeyo Márquez en la clandestinidad, así lo decidió en su mejor momento, inspirada en ese constante diálogo que siempre sostuvo con la estatua de Simón Bolívar.

Temprano cuando se levantaba y abría la puerta de su casa, le hacia la venia al Libertador y le daba los buenos días.

El estante de Bolívar sobre un pedestal de mármol lleno de frases heroicas, en la modesta plaza del pueblo, mira directo al poniente y no al oriente como ella quería que fuese.

Por eso- me dijo una vez- tengo la obligación de levantarme y darle los buenos días ya que no se lo puede dar el Sol.

La estatua hecha en Italia por J. Robert  permanece allí en esa posición, desde que el General Julio Sarría era Presidente del Estado Bolívar: Mandaba Cipriano Castro desde Caracas y el capitán Ramón Cecilio Farreras estaba a punto de alzarse para pasarse a la Revolución Libertadora.

La Negra Isidora no había nacido cuando eso, lo refería porque se lo oía decir a su madre que era de Santa Lucia de las Antillas y a su padre Martiniqueño, mezcla de ingles y francés que se dio en el Callao al calor de las fabulosas vetas. De la unión nacieron tres hembras y un varón qué falleció antes que ella.

Con esos antillanos y muchos otros de la misma isla y de otra isla que llegaron antes y después, vinieron a esta tierra del oro los tambores del calipso. Trajeron tambores grandes y pequeños, el bumbác, el rayo y otros hierros que los nativos reforzaron con el cuatro y las maracas.

La Negra Isidora fue presidenta de la Asociación de Amigos de Calipso que consta de una comparsa de 200 personas luciendo cada año disfraces distintos, inicia su danza el 24 de diciembre para darle las felices pascuas al pueblo. Igual ocurre el primero de enero y de allí cada domingo hasta el martes de Carnaval. El resto del año suele aceptar invitaciones para participar en acontecimientos feriales y patronales de otros Estados.

En El Callao hubo y existen varios grupos, entre ellos, Renovación, Onda Nueva, Brisas del Yuruari que se distingue con las comparsas de la Asociación porque bailan el calipso brasilero y el venezolano-.brasilero. El calipso de la Asociación es más autentico, más conservador, y en cuanto a los compositores tradicionales Kenton San Bernard, Carlos Small y Lourdes Basanta. En el Carnaval levantan una gran carpa y los beneficios se convierten en becas para que los jóvenes puedan lograr mejores oportunidades de estudio.

Ididora jamás acepto mezclar los tambores con la política y protesto cuando el grupo Onda Nueva se cuadró con Luis Herrera y no usaba sino boinas verdes. Argumentaban que ella era una Adeca desde PND y jamás su partido consiguió que le tocaran sus tambores “porque mis tambores no son políticos y en mis comparsas danzan adecos, copeyanos, urredistas, comunistas, masistas, y los venezolanos todos juntos”, solía decir: 

Aunque adeca,  una vez la tildaron de “perezjimenista” porque declaró que “el único presidente que hizo bastante por el Callao fue Pérez Jiménez: el puente, las calles, el Grupo scolar, la iglesia”. 

Por eso fue que le regalaron el cuadro de Michelena? Le pregunte en esa ocasión y respondió:

 -Yo siempre me ocupé a esa donación y tanto que cuando cayó la Dictadura, yo y Juvenal Herreras fuimos a Caracas y recuperamos el cuadro de Miranda, pintado por Michelena. “por que, había que regresárselo a Pérez Jiménez si esa obra fue donada hace más de 80 años por un comerciante corso?

Desde entonces el cuadro del Generalísimo se halla de vuelta en El Callao esperando por su restauración, pues el tiempo de más de un siglo hoy, ha afectado su textura original, al igual que el calipso de Negra Isidora, Carlos Small y Kenton San Bernard.



CLOTILDE DE BILLINGS

(El Callao, 20 de enero 2012 BAP/SCEB).- En el marco de la celebración de los Carnavales 2012, el gobernador Rangel Gómez, a través de la Secretaria de Cultura, en alianza con la Fundación Bigott inaugura la Exposición Fotográfica Homenaje a la Madame Cleotilde Stapleton de Billings en la Iglesia Anglicana La Resurrección ubicada en el municipio El Callao.
Cleotilde Teodosia Stapleton Marskman de Billings, sept 1936 – junio 2009 hija de El Callao, fue una madama por herencia familiar y por la influencia de sus contemporáneos Lulú Basanta, Miguelina Conde, Charles Small, Hermanos Clark, Hermanos Rober London, Jossoua Harewood, asi como otros cultores del calipso y el carnaval de El Callao.
La madama Cleotilde estudio y ejerció la docencia, a través de sus más de 20 anos trabajando como docente en la Fundación Bigott, sirviendo como facilitadora de la enseñanza de danza, música y canto del Calipso de El Callao.
 “Como una de las grandes exponentes de El Calipso y de la tradición de nuestro estado en Venezuela y en el mundo Cleotilde trascendió realmente del pueblo de El Callao y se convirtió en una mujer universal con una referencia bien importante a nivel de la docencia y de la proyección de las manifestaciones tradicionales callaoenses”.
La Exposición es una muestra de 12 fotografías de Nelson Garrido que pertenecen a la colección de la Fundación Bigott, institución cultural que arribo este ano a sus 30 aniversarios.

Conocida como “Clotildá”, esposa de Leopoldo Billings, quién falleció hace poco en Caracas; músico, hijo de El Callao, fue Profesor de la Escuela Superior de Maestría, Miembro de la Orquesta Filarmónica de Venezuela y de Maracay. También director musical y arreglista de la agrupación Yuruari: La Fuerza del Calipso, creada por la Fundación Bigott en el año 1994. Su última producción fue en el año 2002, un sencillo que conto con temas como Calipso Man (Cecilio Lazar), Netty, Netty Children of The Soil (Anónimo), Morning Cacaco (Anónimo),  Whole Day, Whole Night Mary Ann/My Darling (Anónimo),  Mami, Mami, Hoi! Hoi! (Anónimo),  Miss Marksman/Niger Man (Lady Gibbs),  Take Me Down To Los Rios,  Angela, Mary Jane, Susie y Daddy, Daddy, donde su esposa Cleotilde era vocalista. 

Juvenal Herrera


Juvenal Herrera (en la foto), fallecido durante los Carnavales de El Callao, 10 de febrero de 1991, me regaló trece días  antes de su muerte, el último libro de Arturo Uslar Pietri, “La visita en el tiempo” con la dedicatoria “Para Américo Fernández, el piache de Coche, con el afecto de Juvenal Herrera, Enero 1991”.

            No se por qué siempre me imaginé fue éste un obsequio de despedida en la ocasión premonitoria de su viaje hacia la ultimidad, tanto por lo que le aconteció inmediatamente después como  por el título sugerente del libro.
Casualmente, también el autor de la obra murió en febrero y en tiempo de carnaval.  “La visita en el tiempo” fue ganadora en 1990 del Premio Príncipe de Asturias que anualmente y desde 1981 entrega  Su Alteza Real, en un solemne acto académico que se celebra en Oviedo, capital del Principado de Asturias para contribuir a la exaltación y promoción de cuantos valores científicos, culturales y humanísticos son patrimonio universal.
            Esta obra de Uslar Pietri  es la historia novelada, de Don Juan de Austria, quien en una empresa casi sobrenatural derrota el invencible poderío turco en la batalla naval de Lepanto, donde, por cierto, resultó manco  Cervantes, autor de Don Quijote de la Mancha, la obra más genial y vendida del mundo.
            Arturo Uslar Pietri, quien cultivó con acierto el  género de la historia novelada, fue  además de político, economista, novelista, cuentista, ensayista y literato, un periodista consumado que escribía artículos de fondo semanalmente para la prensa nacional e internacional y ejerció durante años la dirección del diario El Nacional y de su Página Literaria.
            Me tocó ejercer la Corresponsalía de El Nacional en 1969 cuando AUP asumió la dirección de ese diario, entonces, fechada el 28 de abril, recibí una carta suya que fue siempre mi guía como reportero y que debería servir de orientación permanente a las generaciones de colegas que anualmente egresan de las escuelas de comunicación social del país.
            Atendiendo una invitación que me hicieron estudiantes de periodismo de la Universidad Católica “Andrés Bello”, leí y deje copia de esta cata que entre otras recomendaciones y afirmaciones decía que “El corresponsal no es otra cosa que el periódico en su territorio.  Debe estar alerta para conocer verazmente y trasmitir con toda objetividad la información significante. 
“Esa información debe ser ante todo local, pero debe significar algo de interés y curiosidad para todo el país.  No sólo sucesos, sino iniciativas que signifiquen progreso o situaciones que deben ser conocidas.
 “En sus informaciones no debe haber opinión ni inclinación personal, sino noticia cierta de hechos y declaraciones de personas que tengan interés.  En este sentido debe usted tener en cuenta que un diario como El Nacional sufre constantemente de la falta de espacio para poder darle cabida a toda la información que recibe.  Por lo tanto no sólo es necesario enviar información significativa y valiosa, sino además hacerlo en forma más directa y completa, sin palabras ni circunloquios innecesarios.  Un buen reportero es el que dice todo lo que hay que decir de la manera más directa y clara y en el menor número de palabras. 
            “También es conveniente que no nos limitemos a trasmitir exclusivamente sucesos, declaraciones políticas o visitas de personajes nacionales... a veces, más que las declaraciones de un político visitante que repite lo que ya ha dicho en Caracas, tiene interés informar sobre el desarrollo de una nueva industria, sobre la situación de la agricultura, sobre problemas de vialidad o de edificación o de sucesos públicos locales.  Las noticias de carácter económico son de particular interés para la región y para todo el país”.

Esposa e hija de Juvenal Herrera




George "Coco" Griffin


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El 9 de febrero de 1997 falleció en su nativa tierra de El Callao, George “Coco” Griffin, hijo ilustre de ese municipio minero y siempre activo e incesante luchador al lado de Juvenal Herrera, de la Negra Isidora y de la China Mannoni, por las más sentidas reivindicaciones sociales de su comunidad.

Su último trabajo lo desempeñó en la CVG-Minerven en calidad de Relacionista público que permitió proyectar la empresa utilizando sus recursos de amistad y relaciones con los medios de comunicación social del estado, pero por sobre todo, con los periodistas de Ciudad Bolívar y Ciudad Guayana, entre los cuales destacaba obviamente, César Decán Díaz (Solito), su contemporáneo a punto de cumplir los setenta años, según nos comunicó el poeta John Sampson Williams, quien dijo le haría un agasajo.
El padre de “Coco” Griffin era su homólogo George Griffin, a quien se recuerda como uno de los principales joyeros de El Callao y su tío Teófilo, igualmente orfebre, a quien tocó confeccionar la Copa de Oro entregada al equipo representativo de Venezuela que ganó el Campeonato Mundial de Béisbol.
“Coco” Griffin falleció siendo director asesor de la Fundación Museo del Oro de Venezuela en El Callao, presidida por la profesora Carmen Delgado Mannoni (China Mannoni) y que en la actualidad tiene su asiento en la Casa Locher desde 1995. El Museo, según sus estatutos, “muestra en forma dinámica y participativa el pasado, presente y las perspectivas futuras de la industria aurífera venezolana, en su dimensión científica técnica, social, cultural, histórica y artística”.
George Griffin nació en El Callao el 13 de mayo de 1939. Era casado con la educadora Nancy Martínez, con quien tuvo cinco hijos: Fátima, Guillermo, Marvelena; George y Gregorio, hoy en día todos profesionales. Estudió en la Escuela Federal Graduada “Tamanaco” de El Callao, en el Liceo “Peñalver”, de Ciudad Bolívar y Liceo “Andrés Bello”, de Caracas. Estudió en el Instituto Universitario de Relaciones Públicas, 1972. Realizó varios cursos de especialización, incluyendo de Tipografía y Mejoramiento Profesional, en la Universidad Central de Venezuela. Inició su actividad profesional desempeñándose como Relacionista de la Empresa Consorcio Minerven Kavanayén, constructora de la represa de Guri, entre 1974 y 1980. Trabajó en Relaciones Públicas de CVG 1982 y 1986. Asesor del Concejo Municipal de Roscio, dirigente deportivo, cofundador del “Minasoro” FC de El Callao. Articulista de periódicos regionales. Coautor de la obra “El Pemón”, el Lenguaje Autóctono y Ponente en el Congreso de Lingüística, celebrado en Maracaibo en 1987, autor de: “Minerven: Rutero Dorado de Venezuela” y de la obra inédita: “El Callao y 67 personajes más destacados”, así mismo autor del libro “El Callao, Pionero deportivo de Venezuela”. Participó en el Primer Congreso Mundial de Relaciones Públicas que se celebró en Ciudad de México, en 1978. Concurrió a la Convención Interamericana de Relaciones Públicas, de Holanda, en 1985 y a la IX Conferencia Interamericana de Relaciones Públicas que se efectuó en Caracas, en 1989. Asistió a diversos cursos de actualización de su profesión en diferentes ciudades de Venezuela. Participó en 1996 en el IV Coloquio de Culturas Residenciales y Populares del Oriente de Venezuela auspiciado por la UDO-Bolívar, Anzoátegui y la Gobernación del estado Bolívar, y en 1997 asistió al curso sobre “Educación en los Museos”, patrocinado por el Conac. Reconocimientos y distinciones por su aporte a la cultura y a las Relaciones Públicas, incluyendo Mención de Honor “Relacionista del Año”, en 1977, del Colegio de Relacionistas del estado Bolívar; Premio Regional de las Artes 1993, Premio “Juvenal Herrera”, de la Gobernación del estado Bolívar, en 1995, entre otras distinciones. Miembro del Colegio Nacional de Relaciones Públicas de Venezuela, de la Federación Interamericana de Relaciones Públicas (Fiartp).


Carmen Delgado (China) Mannoni




La conocí y traté con ella en los años sesenta cuando con César Díaz Decán (Solito) dirigía una seccional del partido Unión Republicana Democrática en el Callao.  Por esa vía política llegó a ser Presidenta de la Junta Comunal de ese entonces municipio foráneo dentro de la circunscripción distrital de Roscio cuya cabecera era Guasipati.
          La “China Mannoni” como era conocida por propios y extraños no obstante haber sido bautizada con el nombre de Carmen en ofrenda a la  patrona de su lugar nativo El Callao y de apellido Delgado por su padre y Mannoni por su madre de origen corso, fue siempre maestra de profesión y varias generaciones pasaron por su mano orientadora.
          En ese tiempo cuando  César Díaz Decán solía cruzar todo el Callao en bicicleta con el manubrio suelto, estaba perdidamente enamorado de la China que para entonces, por los comentarios, era la mujer más bonita del pueblo tanto por su cuerpo como por su perfil mediterráneo.  Estaba de moda la canción rocolera de despecho “solito he de llorar /solito lloraré…” y creo que por allí le vino al colega el remoquete de “Solito” porque era su canto preferido cuando La China se portaba esquivana y difícil.
          La última vez que vi y conversé con la China fue  en el 2006 cuando fui invitado junto con los médicos Mario Jiménez Gambús y Camilo Perfetti, a la presentación de su libro “El Callao de mis recuerdos”, un libro de  328 páginas editado aquí en Ciudad Bolívar bajo la coordinación del propio Camilo Perfetti bajo el patrocino de la Alcaldía cuyo titular entonces era el profesor Jesús Coromoto Lugo Larreal.  En la ocasión me enteré que la China era sobrina de Kotepa Delgado, columnista semanal de El Nacional de Caracas, de fino humor,  figura junto con  Pedro Beroes como uno de los periodistas fundadores de Ultimas Noticias.
          En ese libro, como dice Isac Rojas Gómez en su prólogo, La China Manonni  evidencia las cosas y casos, la existencia y cotidianidad de un pueblo "Sui Generis", como lo es El Callao. Ese es El Callao minero, deportista, calipsero, parrandero, trabajador, amalgamado culturalmente y cosmopolita ayer y hoy, y visto a través de las anécdotas y semblanzas de sus personajes y coterráneos. 
El prologuista considera que este libro de Carmen Delgado como referencia obligada, cuando se quiera investigar sobre El Callao, ya que la Autora hurga en las entrañas de la historia callaoense y rescata cosas que estaban a punto de olvidarse, utilizando hábilmente la tradición oral, tal como el caso de algunos personajes ya fallecidos; y la suculencia de la culinaria típica local, de procedencia afro-antillana, tal cual como los ancestros de su población, protagonistas y actores de hechos y situaciones ocurridas en un momento determinado en el otrora. Este bello regalo, nos los hace La China, gracias a esa sensibilidad y sutileza que solo ella: educadora, lidereza y gran dama, compaginada con su genialidad nos puede ofrecer”.




 
CÉSAR DECÁN DIAZ (SOLITO) Ente los años cincuenta y sesenta una canción sonaba en las cuerdas de las guitarras de los serenateros. Era una canción de lamento por un amor mal correspondido: “Solito he de llorar / Solito he de sufrir/ Solito he de quedar / Pobre de mi”. La canción con aire de malquerencia calaba en el alma juvenil de César Decán Díaz por las calles maltrechas ¡qué paradoja! de la ciudad del oro, El Callao, que comenzaba a padecer la enervación económica de la MOCCA. Estaba dirigida esa poesía sentimental a la mujer entonces más interesante del distrito minero de El Callao: Carmen Delgado Mannoni (La China Mannoni) “China” por sus facciones un tanto asiáticas según la percepción de don Pascual Pascuzzi, y “Mannoni” por su genética corsa mediterránea. La China se había convertido en lideresa del pueblo dada su estampa atractiva y su condición de maestra normalista que además formaba parte del “Olímpica Foot Ball Club”, equipo pionero del fútbol femenino en Venezuela. Los calloenses que como los orientales, son ingeniosos en eso de pegar cognomentos, le colgaron a César el de “Solito” y como tal se quedó toda la vida al igual que ´China” aquella maestra inquieta de todos los cursos que al final quedó jubilada, aproximándose a una edad indescifrable. Solito en sus primeros tiempos, al igual que la China, era aficionado al balompié y escribía las crónicas de los eventos deportivos locales, máxima atracción del pueblo, que Abelardo Raidi le publicaba en El Nacional por amistosa sugerencia de Juvenal Herrera, llave de Miguel Otero Silva. Igualmente participaba en las competencias ciclísticas y en la Raleigh que pedaleaba hacía además toda clase de monadas para divertimientos de sus admiradoras, era comprensible toda vez que había nacido en un caserío llamado “Monkey town” (la ciudad del mono) un 28 de marzo (1936), día de San Benito, santo negro de su devoción y fecha aniversario del natalicio de Miranda, por eso cada vez que puede exalta la figura del precursor, del cual existe una pintura de Michelena expuesta en uno de los muros del Palacio edilicio, donada por corsos ascendientes de la China Mannoni. Solito alternaba el deporte con la política siguiendo la doctrina nacionalista que para entonces predicaban Jóvito Villalba, Luis Miquilena, Alirio Ugarte Pelayo, José Vicente Rangel, Fabricio Ojeda, Cheíto Herrera Oropeza y el upatense Humberto Bártoli. Por esa vía llegó a ser Prefecto de Santa Elena de Uairén, donde medio aprendió la lengua Pemón para entenderse un tanto con los hijos autóctonos de la Gran Sabana. El Callao, no obstante su riqueza aurífera, no daba para mucho, por lo que los nativos se veían impelidos a otear horizontes más promisorios. Solito no iba a ser la excepción, de manera que no optó por Caracas como Juvenal Herrera, Héctor Thomas, Luis Arrioja y tantos otros que se labraron a puro pulso su destino, sino que decidió por lo más cercano, la Zona del Hierro, que comenzaba a vislumbrarse como un polo de desarrollo industrial. Aquí asentó sus esperanzas afianzado en lo que sabía hacer, redactar columnas deportivas que aprovechó el sagaz Eduardo Santana para alimentar la data cotidiana de la corresponsalía de El Bolivarense y la Radio Caroní (1960) que entonces dirigía Rafael Eligio Farreras. Tuvo su propio programa radial “Antena deportiva”, fue corresponsal de los diarios El Expreso y El Universal, jefe de Relaciones Públicas de Cadafe, concejal, y Secretario General del CNP junto con su inseparable amigo Leopoldo Villalobos, Gabriel Aguilera Ordaz, Calos Rodríguez Gantaume, Fernando Reyes Maita y el terrible Guiovanni González, quien asustaba al agente de prensa Carlos Arteaga cuando repentinamente se paraba de la máquina de escribir y gritaba “!Paredón para todos los enemigos de la libertad de prensa, carajo!”.(AF

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